Estudiantes, indígenas, trabajadores: las víctimas de las armas “no letales” en Brasil
Foto: Hugo Muniz
Brasil

Estudiantes, indígenas, trabajadores: las víctimas de las armas “no letales” en Brasil

Juliana Dal Piva - José Dacau - Bárbara Libório - Naomi Matsui - Rubens Valente - Colaboración: Igor Mello

Las armas “no letales” en Brasil han herido a personas desde jóvenes en fiestas funk, hasta manifestantes en protestas sociales, ya sea en la ciudad o en comunidades indígenas, personas abordadas por la policía e incluso policías. Estas armas a menudo dejan cicatrices en las personas que tubieron la mala suerte de pasar junto a la policía durante una protesta.

Genivaldo de Jesús Santos, de 38 años y con una enfermedad mental, murió tras ser inmovilizado y encerrado en un automóvil dentro del cual la policía roció una granada de gas lacrimogeneo. Edvaldo da Silva Alves, de 19 años, murió tras recibir un disparo a corta distancia con una bala de goma en la ingle durante una manifestación en la ciudad de Itambé, en el interior de Pernambuco. Cuatro años después, también en Pernambuco, Daniel da Silva Campelo, de 51 años, perdió la vista en su ojo izquierdo tras ser herido por una bala de goma durante una protesta contra el presidente Jair Bolsonaro (PL-RJ) en Recife. El indígena kaingang Querino Carvalho Kaingang, de 78 años, recibió diez disparos con munición de goma durante una disputa de tierras en Rio Grande do Sul.

Estas son algunas de las víctimas de las llamadas armas “no letales”. Morir o resultar gravemente herido por las consecuencias de una bala de goma, una granada de gas o el uso de una pistola eléctrica es menos inusual de lo que se cree. Esto también pone en duda el propio uso de la expresión “no letal” o “menos letal”, tan populares en el marketing de las empresas del sector. En esta investigacion se encontró que algunas víctimas fueron heridas con armas de la marca brasilera Cóndor. Un análisis más detallado de las consecuencias de estas armas también muestra que afectan a un grupo muy diverso. Van desde jóvenes en bailes funk, manifestantes en protestas sociales, ya sea en la ciudad o en comunidades indígenas, personas abordadas por la policía, hasta incluso los propios policías. Pero, con frecuencia, estas armas hieren a personas que tuvieron la mala suerte de pasar cerca de la policía durante la represión de una protesta.

Estas personas forman parte de una investigación realizada por UOL, como parte de la investigación transfronteriza y colaborativa El Negocio de la Represión junto con el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) y otros 10 medios aliados de América Latina, sobre las víctimas de armas “no letales” utilizadas por las fuerzas policiales. La lista completa aporta 203 personas contabilizadas entre 2017 y 2022.

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Uno de los casos más recientes de muertes por el uso de "armas no letales" en Brasil ocurrió apenas hace dos semanas. Genivaldo de Jesus Santos, de 38 años, fue detenido por la Policía Federal de Caminos en el municipio de Umbaúba, en la costa sur de Sergipe, el 26 de mayo de 2022. Genivaldo iba en una motocicleta cuando fue abordado en un control de tráfico en la vía BR-101 porque estaba sin casco y posteriormente fue inmovilizado por agentes. En videos que circularon masivamente en las redes sociales, se vio a personas diciéndole a la Policía que él tenía una enfermedad mental. Su sobrino, Wallison de Jesus Santos, dijo a UOL que su tío llevaba su medicina con él.

Unos minutos después, Genivaldo fue arrojado a la cajuela del auto policial. En el video que circuló en internet se registra el momento en que quedó atrapado en la cajuela del auto y cómo, por las rendijas de la puerta trasera, que se mantenía semicerrada, salía humo. Al mismo tiempo, Genivaldo forcejeaba con las piernas colgando desesperado, mientras gritaba dentro del auto. Uno de los policías incluso le sujetó las piernas mientras el otro bombeaba un tipo de gas lacrimogeneo dentro del auto por una de las rendijas.

Los videos registraron el momento en que Genivaldo fue detenido en el automóvil y se arrojó una granada de gas al automóvil. Los informes mostraron que murió por asfixia | Foto: Reproducción redes sociales
Los videos registraron el momento en que Genivaldo fue detenido en el automóvil y se arrojó una granada de gas al automóvil. Los informes mostraron que murió por asfixia | Foto: Reproducción redes sociales

Minutos después, un familiar se acercó y la policía llevó a Genivaldo a un hospital local, pero ya había muerto. Según un informe del IML (Instituto Médico Forense), la causa de la muerte fue “fallo agudo secundario a asfixia”. La Policía Federal de Caminos abrió una investigación por el caso y los policías involucrados fueron apartados temporalmente de sus cargos.

Brasil, sin embargo, cuenta con varias víctimas de este tipo de armas "no letales" desde el período de protestas masivas de las llamadas jornadas de junio, en 2013. En ese momento, una encuesta de la ONG internacional de derechos humanos Artículo 19 mostró que 837 personas resultaron heridas por las fuerzas policiales en Brasil durante las manifestaciones de 2013. Un caso se convirtió en simbólico en su momento: el fotógrafo Sérgio Silva fue alcanzado por una bala de goma y perdió la vista en su ojo izquierdo mientras cubría el MPL (Movimento Passe Livre) en junio de 2013 en el centro de São Paulo.

Antes que él, Alex Silveira, otro fotoperiodista, también quedó ciego durante una huelga tras ser golpeado por un artefacto similar, en 2000. Después de veinte años esperando una indemnización del Estado de São Paulo por la lesión, Silveira obtuvo una decisión favorable en el Tribunal Supremo Federal a finales de 2021. La sentencia podría favorecer a Silva, que también está a la espera de que se juzgue un recurso similar, ya que se le denegó la petición en el Tribunal Judicial de São Paulo en dos instancias.

Violencia en Pernambuco

En 2017, el estudiante Edvaldo da Silva Alves, de 19 años, fue una brutal víctima de la violencia y la falta de preparación de la Policía. Participaba en la manifestación celebrada en la carretera PE-75, en la ciudad pernambucana de Itambé, para exigir más seguridad. Era un movimiento pequeño y pacífico. Un vídeo que circula por las redes sociales registró paso a paso cómo ocurrió todo.

En un momento dado, apareció un coche de policía para despejar la carretera y Alves, junto con una mujer, discutió con un policía militar. En el vídeo se puede escuchar a uno de los policías decir: “¿Es este el que va a recibir el primer disparo?”. El policía dio la espalda a los dos y llamó a un colega armado con una escopeta calibre 12 de la marca CBC (Companhia Brasileira de Cartuchos). Este agente apuntó a Alves y disparó a quemarropa a menos de dos metros.

El chico fue herido en la ingle de la pierna izquierda por una bala de goma e inmediatamente empezó a sangrar mientras estaba tendido en el suelo. Posteriormente, los policías le dieron una bofetada en la cara y lo arrastraron por el suelo hacia una camioneta. Por la gritería alrededor, debido a la truculencia del asalto, fue rescatado y llevado a la sala de emergencias local. Pero no pudo resistir la gravedad de la lesión y murió un mes después.

El caso causó tal enfado en la población local que acabó en la comisaría. Se abrió una investigación y los policías fueron acusados de homicidio doloso, es decir, que tenían intención de matar. Los acusados fueron cuatro policías, incluyendo a Ivaldo Batista de Souza Júnior, que hizo el disparo, y a Ramon Tadeu Silva Cazé, que comandó la operación y dio la orden a Ivanildo. El caso aún no ha sido sentenciado.

La expectativa era que los dos fueran ante un jurado popular, pero el Condado de Itambé dijo que los dos presentaron apelación y el caso debe ir a la segunda instancia en Recife. Otros dos imputados, acusados de omisión de socorro, recibieron extinción de punibilidad en octubre de 2020, tras aceptar el pago de indemnizaciones a las víctimas.

El caso del estudiante todavía está en curso, en el Tribunal de Justicia de Pernambuco (TJPE), siendo el Consejo de Justificación el que decidirá sobre la incapacidad del policía para permanecer en la institución. A su vez, el soldado que obedecía la orden del oficial fue sancionado con prisión de 30 días. El 16 de junio de 2017 se firmó un acuerdo de reparación para la familia de la víctima, con indemnización por daño moral y pago de pensión alimenticia a los padres del joven por daño material.

La historia de Edvaldo, a pesar de la repercusión local, no cambió la situación de violencia de la Policía Militar de Pernambuco. El año pasado, el comandante general de la Policía Militar de ese estado, Vanildo Maranhão, fue destituido tres días después del uso de violencia excesiva en una protesta contra el presidente Jair Bolsonaro en Recife, capital de Pernambuco.

Daniel Campelo trabajaba como obrero adhesivo y resultó herido cuando pasaba por la protesta en Recife, Pernambuco | Foto: Hugo Muniz
Daniel Campelo trabajaba como obrero adhesivo y resultó herido cuando pasaba por la protesta en Recife, Pernambuco | Foto: Hugo Muniz

El siguiente relato es el de Daniel da Silva Campelo, que resultó herido durante la manifestación. En ese momento, trabajaba pegando adhesivos en taxis. El día de la manifestación fue al centro en autobús para comprar material para atender a dos clientes. En medio del camino, en el puente Duarte Coelho, dejó el autobús debido al tráfico y siguió a pie, pero se encontró con la Policía de un lado y los manifestantes del otro.

“Cuando veo el Batallón de Choque, la primera acción es levantar las manos en esa dirección, abiertas y con los brazos en alto. Porque con las dos manos levantadas no pones en riesgo a nadie, creo. Entonces les digo (a la Policía Militar): soy un trabajador, un hombre de familia, no tengo nada que ver con esto (la protesta)”, dice.

Aun así, la policía militar abrió fuego. Un disparo tras otro, hacia la multitud que intentaba ocupar el puente. Campelo fue alcanzado en el ojo izquierdo por una bala de elastómero, conocida popularmente como bala de goma. Fue trasladado al hospital más cercano. Allí recibió la noticia de que había perdido el 100% de la visión en su ojo herido.

El informe del Instituto de Criminalística de la Policía Científica y el informe de la Policía Militar, a los que ha tenido acceso UOL, consiguen señalar al agente que efectuó el disparo que cegó a Campelo. Según el documento, se trata del sargento 3º del Batallón de Choque, Jairton Galdino da Silva. Según el perito, que analizó varios videos, el sargento apuntó con el arma y en un intervalo de sólo cinco segundos realizó cuatro disparos con una pistola cargada con munición modelo AM-403/P, del fabricante Condor.

Debido a esta dinámica, los investigadores evaluaron el caso como un homicidio culposo (sin intención) en virtud del artículo 210 del Código Penal Militar, sobre lesiones corporales culposas, con una pena privativa de libertad que va de dos meses a un año.

Jonas  resultó herido cuando pasaba cerca de la protesta en Recife, Pernambuco | Foto: Hugo Muniz
Jonas resultó herido cuando pasaba cerca de la protesta en Recife, Pernambuco | Foto: Hugo Muniz

En la misma protesta contra Bolsonaro, Jonas Correia de França, de 29 años, fue otra víctima de una bala de goma y también perdió la vista en su ojo izquierdo. Al igual que Daniel, sólo pasaba por el lugar de los hechos y aún así fue golpeado. Los documentos de la policía de Pernambuco indican que el sargento tercero Reinaldo Belmiro Lins fue quien efectuó el disparo que alcanzó a França. Era el único policía que llevaba un arma AM 404/12E, fabricada por Condor, cargada con munición de elastómero.

Según los informes policiales obtenidos por UOL, el uso de este tipo de armas debe hacerse a una distancia de más de 20 metros del objetivo. El análisis de los expertos determinó que el disparo de elastómero realizado por Belmiro estaba por debajo de la llamada “distancia de seguridad”.

Por este motivo, el sargento fue acusado con el artículo 209 del Código Penal Militar sobre ofender la integridad corporal o la salud de los demás, con una pena de prisión de tres meses a un año. Otras dos personas resultaron heridas en esa protesta con el mismo tipo de munición, pero no de gravedad.

La Investigación Policial Militar iniciada está a punto de concluir. Dieciséis policías siguen fuera de sus funciones, uno de ellos en excedencia cautelar, con recogida de armas y carné de trabajo.

El 6 de agosto de 2021, el Estado de Pernambuco firmó un acuerdo de reparación con França, con indemnización por daños morales y materiales. En cuanto a Campelo, el Estado no recibió respuesta sobre la propuesta de reparación por daño moral y material presentada a la víctima y sus abogados.

En una nota, la SJDH (Secretaría de Justicia y Derechos Humanos) dijo que tomó las medidas necesarias en materia de asistencia médica, legal, psicológica y social a las víctimas y sus familias. Y el Gobierno de Pernambuco pagó íntegramente tres cuotas de eventual beneficio a Campelo y França.

Un hecho que llama la atención es que las propias empresas, incluida Condor, informan de la necesidad de formación antes de utilizar estas armas. En el caso de las balas de goma, hay informes públicos que indican que no deben dispararse a una altura superior a la cintura. En lo que respecta a las balas de goma, Condor informa: “Sólo dispara por debajo de la línea de la cintura o puede causar heridas graves o la muerte”.

Aun así, no es infrecuente encontrar personas golpeadas en el ojo durante las protestas. En 2014, el mensajero Maycon Gonçalves Mello, de 25 años, perdió la vista del ojo izquierdo durante un enfrentamiento entre la policía y los vecinos durante un embargo en la comunidad de Rato Molhado, en Engenho Novo, en la Zona Norte de Río de Janeiro.

En la confusión, una residente pidió ayuda para rescatar a su hija que se había lesionado un pie. Mello debía llevarla a urgencias. Pero para salir, los tres tuvieron que pasar la barrera policial. “No puse a nadie en peligro. Avisé que pasaba por allí para ayudar a un residente. Cuando me acerqué, uno de los policías me disparó y me dio en el ojo. Sangré mucho en ese momento”, recordó el mensajero, que fue alcanzado por una bala de goma.

A causa de las secuelas, la falta de visión normal en ambos ojos, dijo que ya no puede encontrar trabajo con un contrato formal. “Tengo una familia que mantener. Hoy en día vivo de trabajos esporádicos. Entrego productos por medio de una aplicación”, dijo Mello. Los abogados João Tancredo y Eduardo Cruz representan a Maycon en una demanda de indemnización al estado de Río de Janeiro que aún no ha sido juzgada.

Conflicto en el campo

En 2018, familias indígenas del pueblo kaingang ocuparon una finca utilizada para el entrenamiento de la Brigada Militar, en Passo Fundo, en Río Grande do Sul. No hubo acuerdo para una salida pacífica.

Según la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) de Rio Grande do Sul, los indígenas “embistieron la guarnición con trozos de palos y piedras”. Y la Policía tomó represalias. Los testigos dijeron que fue lo contrario, que la policía empezó a atacarlos. Cinco indígenas y dos policías resultaron heridos. Al final del enfrentamiento, las familias abandonaron la zona invadida.

Entre las víctimas estaba Querino Carvalho, de 78 años, herido en varias partes del cuerpo. Le dispararon varias veces con balas de goma. El número exacto varía entre 19 y 24, según el informe del Consejo Indígena Misionero (Cimi) y del Consejo de Derechos Humanos en Rio Grande de Sur, organizaciones que siguieron el caso.

Según el relato de Querino, los disparos se produjeron después de que un agente de policía disparara contra su hijo. Querino agarró una madera y agredió al policía. Un grupo de policías tiró al anciano al suelo y luego lo sujetó por el cuello. Inmovilizado en el suelo, recibió un disparo, uno de ellos cerca de la oreja. Dijo que se desmayó y que después tuvo problemas de audición. Otros indígenas presentes y algunos informes corroboraron su relato.

Querino fue esposado y llevado sangrando a la 1ª Comisaría de Policía de Passo Fundo. Durante el viaje, sufrió más agresiones. Estuvo detenido durante seis o siete horas.

El indio Querino Carvalho resultó herido en varias partes del cuerpo luego de disparos de balas de goma durante un desalojo de tierras en Rio Grande do Sul | Foto: Comunidad Kaigang y Relatório Cimi (Conselho Indigenista Missionário)
El indio Querino Carvalho resultó herido en varias partes del cuerpo luego de disparos de balas de goma durante un desalojo de tierras en Rio Grande do Sul | Foto: Comunidad Kaigang y Relatório Cimi (Conselho Indigenista Missionário)

La Brigada Militar dijo, en ese momento, que se trataba de una acción de despojo y que en el lugar había alrededor de cuarenta indígenas, entre adultos y niños. La Brigada dice que el grupo, liderado por Querino, no aceptó la orden de marcharse y se dirigió contra la policía con palos y piedras. Los informes muestran veintitrés lesiones en el cuerpo de Querino: en las piernas, los brazos, el abdomen, el tórax y la oreja izquierda.

El informe muestra que durante la acción de la Brigada se realizaron 149 disparos con armas de calibre 12 con munición antidisturbios de proyectiles de plástico o de goma (munición LD y MD); 14 granadas diferentes, incluyendo gases lacrimógenos e incluso la GL-307, de luz y sonido, el mismo modelo que hirió a un policía durante las pruebas de la Policía Militar de São Paulo.

La Policía Militar estableció una IPM (Investigación Policial Militar) y concluyó que la acción “se basó en el estricto cumplimiento del deber legal seguido de la legítima defensa”. El caso se archivó siete meses después del suceso.

Baile funk

En diciembre de 2019, nueve personas murieron asfixiadas durante una acción de la Policía Militar contra los frecuentadores de un baile funk en la comunidad de Paraisópolis, en la zona sur de São Paulo. Veinte personas resultaron heridas. Dos fueron hospitalizados.

Según la policía, dos jóvenes que iban en moto dispararon contra los agentes de la Policía Militar que llevaban a cabo la Operación Pancadão para frenar los bailes funk. Alrededor de 5.000 personas estaban en las calles de la segunda mayor comunidad del Estado de São Paulo.

Vecinos de Paraisópolis registraron el momento en que la policía comenzó a disparar gases a los manifestantes que corrían por los callejones. Algunos resultaron heridos y otros murieron asfixiados | Foto: Reproduccion redes sociales
Vecinos de Paraisópolis registraron el momento en que la policía comenzó a disparar gases a los manifestantes que corrían por los callejones. Algunos resultaron heridos y otros murieron asfixiados | Foto: Reproduccion redes sociales

La policía persiguió al dúo, lo que habría iniciado la confusión. Para dispersar el baile, se utilizaron pistolas con balas de goma, gas pimienta, granadas aturdidoras y gases lacrimógenos. En las prisas, un grupo de personas, en su mayoría jóvenes, se encerró en un callejón. Varios fueron pisoteados. La investigación oficial del caso encontró que, entre las granadas utilizadas, se encontraban dos GL-307 y una GL-203/L, respectivamente “de luz y sonido” y granada lacrimógena, ambas de producción exclusiva de Condor y del mismo modelo que había fallado en las pruebas realizadas por la Policía Militar de Sao Paulo en 2020.

Según el coordinador del Centro de Ciudadanía y Derechos Humanos de la Defensoría Pública de São Paulo, Davi Quintanilha, el uso de estos dos tipos de granadas fue erróneo. “Este armamento tiene como objetivo dispersar a una multitud, pero en lugares donde hay una vía de escape. Esto se ve comprometido en las zonas comunitarias, que tienen calles estrechas y callejones. Esto provocó el confinamiento de las víctimas y habría causado las muertes”, dijo Quintanilha.

El caso sigue en los tribunales. El año pasado, la Fiscalía General del Estado denunció a doce policías militares por homicidio imprudente, que es cuando se asume el riesgo de matar.

En defensa de su hijo

El año pasado, Maria Celia de Jesus Gomes, de 49 años, recibió un disparo a quemarropa con una bala de goma cuando se enfrentó a un policía militar en la ciudad de Passos, en Minas Gerais. Fue herida en el estómago y tuvo que ir a cirugía.

La discusión comenzó durante una aproximación policial al hijo de María Celia. Hubo un altercado y uno de los policías militares sacó su arma y disparó. Herida, la mujer caminó hacia su casa y fue auxiliada por su marido. El chico acabó siendo detenido.

Son los rostros de algunas de las personas para quienes este tipo de armas resultaron siendo todo menos no letales.

Edición: Flávio Costa e Lúcia Valentim Rodrigues

Direccion de Arte: Gisele Pungan e René Cardillo

Design: Yasmin Ayumi

Motion: Leonardo Rodrigues

Estudantes, indígenas, trabalhadores: as vítimas de armas “não letais” no Brasil
Foto: Hugo Muniz
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Estudantes, indígenas, trabalhadores: as vítimas de armas “não letais” no Brasil

Juliana Dal Piva - José Dacau - Bárbara Libório - Naomi Matsui - Rubens Valente - Colaboración: Igor Mello

As armas “não letais” no Brasil feriram desde jovens em bailes funk, até manifestantes em protestos sociais, seja na cidade ou em comunidades indígenas, pessoas abordadas pela polícia e até policiais. Com frequência, essas armas deixaram sequelas em pessoas que apenas tiveram o azar de passar perto da polícia durante um protesto.

Genivaldo de Jesus Santos, 38 anos e portador de uma doença mental, morreu após ser imobilizado e trancado em uma viatura enquanto policiais bombeavam um gás lacrimogêneo para dentro do carro. Edvaldo da Silva Alves, 19 anos, morreu depois de levar um tiro de bala de borracha à queima-roupa na virilha, durante uma manifestação na cidade de Itambé, no interior de Pernambuco. Quatro anos depois, também em PE, Daniel da Silva Campelo, 51 anos, perdeu a visão do olho esquerdo ao ser ferido por uma bala de borracha durante um protesto contra o presidente Jair Bolsonaro (PL-RJ), em Recife. O indígena Querino Carvalho Kaingang, 78 anos, levou uma dezena de tiros de munições de borracha durante uma disputa de terra, no Rio Grande do Sul.

Essas são algumas das vítimas das ditas armas "não letais". Morrer ou ficar gravemente ferido pelas consequências de uma bala de borracha, de uma bomba de gás ou pelo uso de uma pistola taser é menos incomum do que se imagina. O que também coloca em xeque o próprio uso da expressão "não letal", tão divulgado no marketing das empresas do setor. Nessa investigação, por exemplo, foram identificadas algumas vítimas feridas gravemente com armas da Condor. Um olhar atento sobre as consequências dessas armas também mostra que elas atingem um conjunto bastante diverso. Vai de jovens em bailes funk, manifestantes em protestos sociais, seja na cidade ou em comunidades indígenas, pessoas abordadas pela polícia e até os próprios policiais. Mas, com frequência, essas armas ferem pessoas que tiveram o azar de passar perto da polícia durante a repressão de algum evento.

A história dessas vítimas de armas "não letais" no Brasil integra a investigação colaborativa e transfronteiriça liderada pelo CLIP (Centro Latino-Americano de Pesquisas Jornalísticas), em parceria com o UOL e outros dez meios de comunicação na América Latina e nos Estados Unidos. A lista completa traz, pelo menos, 203 pessoas contabilizadas entre 2017 e 2022.

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Um dos casos mais recentes de mortes com uso de "armas não letais" no Brasil ocorreu com Genivaldo de Jesus Santos, de 38 anos. Ele foi parado por policiais rodoviários federais no município de Umbaúba, litoral sul de Sergipe, em 26 de maio de 2022. Genivaldo estava em uma moto quando foi abordado em uma blitz na BR-101 por estar sem capacete. Depois de algum tempo, ele foi imobilizado pelos policiais. Em vídeos que circularam nas redes, foi possível ver pessoas dizendo aos policiais que ele tinha problemas mentais. Wallison de Jesus Santos contou ao UOL que o tio chegava a carregar junto seus remédios.

Alguns minutos adiante, Genivaldo foi jogado no porta-malas da viatura. Em um vídeo que circulou na internet, foi gravado o momento em que ele estava preso no porta-malas da viatura e, pelas frestas da porta traseira, mantida semifechada, surgiu uma fumaça. Ao mesmo tempo, era possível Genivaldo se debatendo com as pernas balançando em desespero, enquanto ele gritava no interior da viatura.Um dos policiais chegou a segurar as pernas dele enquanto o outro bombeava gás para dentro da viatura por uma das frestas.

Vídeos gravaram o momento em que Genivaldo foi preso na viatura e que uma granada de gás foi jogada dentro do carro. Laudos mostraram que ele morreu asfixiado | Foto: Reprodução redes sociais
Vídeos gravaram o momento em que Genivaldo foi preso na viatura e que uma granada de gás foi jogada dentro do carro. Laudos mostraram que ele morreu asfixiado | Foto: Reprodução redes sociais

Minutos depois, um familiar se aproximou e os policiais levaram Genivaldo a um hospital local, mas ele já estava morto. Segundo laudo do IML (Instituto Médico Legal), a causa da morte foi "insuficiência aguda secundária a asfixia". A Polícia Rodoviária Federal abriu uma investigação sobre o caso.

O Brasil, porém, contabiliza diversas vítimas desse tipo de armas "não letais" desde o período dos protestos massivos a partir das chamadas jornadas de junho, em 2013. Na ocasião, um levantamento da ONG internacional de Direitos Humanos Article 19, mostrou que 837 pessoas foram feridas por forças policiais no Brasil durante as manifestações de 2013. Um caso se tornou símbolo na época: o fotógrafo Sérgio Silva foi atingido por uma bala de borracha e perdeu a visão do olho esquerdo durante a cobertura do MPL (Movimento Passe Livre) em junho de 2013, no centro de São Paulo.

Antes dele, Alex Silveira, outro fotojornalista, também ficou cego durante uma greve após ser atingido por um artefato semelhante, em 2000. Depois de 20 anos aguardando uma indenização do estado de SP pelo ferimento, Silveira obteve uma decisão favorável no STF (Supremo Tribunal Federal), no fim de 2021. A sentença deve favorecer Silva que também aguarda o julgamento de um recurso semelhante já que teve o pedido negado no Judiciário paulista em duas instâncias.

Violência em PE

Em 2017, o estudante Edvaldo da Silva Alves, 19 anos, se tornou uma vítima brutal da violência e do despreparo policial. Ele participava da manifestação realizada na rodovia PE-75, na cidade pernambucana de Itambé, para reivindicar mais segurança. Era um movimento pequeno e pacífico. Um vídeo que circula nas redes sociais registrou passo a passo como tudo aconteceu.

Em certo momento, uma viatura da polícia apareceu para liberar a via e Alves, junto com uma mulher, discutiram com um policial militar. No vídeo, é possível ouvir um dos policiais dizendo: “É esse quem vai levar um tiro primeiro?” O policial deu as costas para os dois e chamou um colega armado com uma espingarda calibre 12 da marca CBC (Companhia Brasileira de Cartuchos). Esse PM apontou para Alves e disparou à queima-roupa a menos de dois metros.

O rapaz foi ferido na virilha da perna esquerda por uma bala de borracha e imediatamente começou a sangrar caído no chão. Na sequência, os PMs deram tapas em seu rosto e o arrastaram pelo chão em direção a uma caminhonete. Com muita gritaria ao redor devido à truculência, ele foi socorrido e levado ao pronto-socorro local. Mas não resistiu à gravidade do ferimento e morreu um mês depois.

O caso gerou tamanha revolta na população local que terminou na delegacia. Um inquérito foi instaurado e os policiais acabaram denunciados por homicídio doloso, quando há intenção de matar. Foram quatro policiais réus: Ivaldo Batista de Souza Júnior, que fez o disparo, Ramon Tadeu Silva Cazé, que comandava a operação e deu a ordem a Ivanildo. A expectativa é que os dois fossem a júri popular, mas a Comarca de Itambé informou que os dois apresentaram recurso e o caso deve seguir para a segunda instância em Recife. Outros dois réus, acusados de omissão no socorro, tiveram a extinção de punibilidade em outubro de 2020, após concordarem em pagar uma indenização às vítimas.

Um Conselho de Justificação, em curso no Tribunal de Justiça de Pernambuco (TJPE), ainda decidirá sobre a incapacidade do oficial de permanecer na corporação. Por sua vez, o soldado que obedeceu à ordem do oficial foi punido com prisão por 30 dias. Em 16/06/2017, foi firmado um acordo de reparação à família da vítima, com indenização por danos morais e pagamento de pensão aos pais do jovem por danos materiais.

O caso do estudante, apesar da repercussão local, não mudou a situação de violência da PM de Pernambuco (PE). No ano passado, o comandante geral da Polícia Militar de PE, Vanildo Maranhão, foi exonerado três dias depois da excessiva violência em um protesto contra o presidente Jair Bolsonaro, em Recife, capital de PE.

Daniel Campelo trabalhava como adesivador e foi ferido quando passava perto do protesto no Recife, em Pernambuco | Foto: Hugo Muniz
Daniel Campelo trabalhava como adesivador e foi ferido quando passava perto do protesto no Recife, em Pernambuco | Foto: Hugo Muniz

O relato a seguir é de Daniel da Silva Campelo, ferido durante a manifestação. À época, ele trabalhava adesivando táxis. No dia da manifestação, ele foi ao centro da cidade de ônibus comprar material para atender a dois clientes. No meio do caminho, na ponte Duarte Coelho, deixou o coletivo devido ao trânsito e saiu andando, mas deu de cara com a polícia de um lado e os manifestantes do outro.

“Quando eu visualizo o Batalhão de Choque, a primeira ação é levantar as mãos nesse sentido - abertas e com os braços para o alto. Tipo, você com as duas mãos levantadas, você não oferece risco a ninguém, eu acho. Aí eu falo para eles (policiais militares): eu sou trabalhador, sou pai de família, eu não tenho nada a ver com isso (protesto)”, conta.

Mesmo assim, os PMs abriram fogo. Um disparo atrás do outro, em direção à multidão que tentava ocupar a ponte. Campelo foi atingido por um tiro de munição de elastômero - conhecida popularmente como bala de borracha - no olho esquerdo. Ele foi levado ao hospital mais próximo. E lá, recebeu a notícia que perdeu 100% da visão do olho ferido.

O laudo do Instituto de Criminalística da Polícia Científica e o relatório da Polícia Militar, que o UOL teve acesso, conseguiu apontar o PM que fez o disparo que cegou Campelo. Segundo o documento é o 3º sargento do Batalhão de Choque, Jairton Galdino da Silva. Ainda segundo a perícia, que analisou diversos vídeos, o sargento apontou a arma e num intervalo de apenas cinco segundos efetuou quatro disparos com uma arma carregada com munição modelo AM-403/P, da fabricante Condor.

Por causa dessa dinâmica, os investigadores avaliaram o caso como um crime culposo (sem intenção) tipificado no art. 210 do Código Penal Militar - lesão corporal culposa - com pena de detenção que varia entre dois meses a um ano.

Jonas França acabou ferido quando passou perto do protesto no centro do Recife, Pernambuco | Foto: Hugo Muniz
Jonas França acabou ferido quando passou perto do protesto no centro do Recife, Pernambuco | Foto: Hugo Muniz

No mesmo protesto contra Bolsonaro, Jonas Correia de França, 29 anos, foi outra vítima de uma bala de borracha e também perdeu a visão do olho esquerdo. Como Daniel, ele só estava passando no local e mesmo assim foi atingido. Os documentos da polícia pernambucana apontaram que o 3º sargento Reinaldo Belmiro Lins foi quem fez o disparo que acertou França. Ele era o único policial que portava a arma AM 404-12E, da fabricante Condor, carregada com munição de elastômero.

Segundo os relatórios policiais obtidos pelo UOL, o uso desse tipo de armamento tem que ser feito a uma distância superior a 20 metros do alvo. A análise dos peritos constatou que o tiro de elastômero dado por Belmiro estava abaixo da chamada “distância de segurança”.

Por esse motivo o sargento foi indiciado no art. 209 do Código Penal Militar - ofender a integridade corporal ou a saúde de outrem, com pena de detenção de três meses a um ano. Outras duas pessoas ficaram feridas naquele protesto com o mesmo tipo de munição, mas sem maior gravidade.

Segundo o governo de Pernambuco, no caso de Campelo, a Polícia Civil indiciou um policial do Batalhão de Choque por lesão corporal gravíssima e omissão de socorro. E oitos policiais, por omissão de socorro. No caso de França, o PM autor do disparo foi indiciado por lesão corporal gravíssima e omissão de socorro.

O Inquérito Policial Militar instaurado está em fase de conclusão. Dezesseis PMs continuam afastados de suas funções - um deles cumpre afastamento cautelar, com recolhimento de armamento e carteira funcional.

Em 06/08/2021, o Estado de Pernambuco firmou um acordo de reparação com França, com indenização por danos morais e materiais. Em relação a Campelo, o Estado não obteve retorno da proposta de reparação por danos morais e materiais apresentada à vítima e aos seus advogados.

Em nota, a SJDH (Secretaria de Justiça e Direitos Humanos) disse que tomou providências necessárias no que diz respeito à assistência médica, jurídica, psicológica e socioassistencial às vítimas e suas famílias. E o Governo de Pernambuco realizou integralmente o pagamento de três parcelas de benefício eventual às Campelo e França.

Um dado que chama atenção é que as próprias empresas, inclusive a Condor, informam sobre a necessidade de treinamento antes da utilização dessas armas. No caso das balas de borracha, há informes públicos de que elas não devem ser disparadas em alturas superiores à cintura. Nos dados específicos das balas de borracha, a Condor informa: "disparos somente abaixo da linha da cintura ou poderá causar ferimentos graves ou morte".

Mesmo assim, não é incomum encontrar pessoas atingidas nos olhos durante protestos. Em 2014, o motoboy Maycon Gonçalves Mello, 25 anos, perdeu a visão do olho esquerdo durante o confronto entre policiais e moradores numa reintegração de posse na comunidade Rato Molhado, no Engenho Novo, na zona norte do Rio de Janeiro.

Na confusão, uma moradora pediu ajuda para socorrer a sua filha que machucou um dos pés. Mello ficou de levá-la ao pronto-socorro. Mas, para sair, os três tinham de passar pela barreira policial. “Eu não oferecia perigo. Estava avisando que estava passando para socorrer uma moradora. Quando me aproximei, um dos policiais atirou e acertou o meu olho. Sangrou muito na hora”, lembrou o motoboy - que foi atingido por uma bala de borracha.

Por causa da sequela, a falta da visão normal nos dois olhos, ele contou que não consegue mais arrumar emprego com carteira assinada. “Tenho família para sustentar. Hoje vivo de bico. Fazendo entrega de mercadoria por aplicativo”, disse Mello. Os advogados João Tancredo e Eduardo Cruz representam Maycon em um pedido de indenização ao estado do Rio de Janeiro que ainda não foi julgado.

Conflito no campo

Em 2018, famílias indígenas Kaingang ocuparam uma fazenda usada para treinamento da Brigada Militar, em Passo Fundo, no Rio Grande do Sul. Não houve acordo para uma saída pacífica.

Segundo a SSP (Secretaria da Segurança Pública) gaúcha, os indígenas “investiram contra a guarnição com pedaços de paus e pedra”. E os policiais revidaram. Testemunhas contaram que foi o contrário, que os policiais partiram para cima. Cinco indígenas e dois PMs saíram feridos. No final do confronto, as famílias deixaram a área invadida.

Entre as vítimas, o índio Querino Carvalho, 78 anos, ferido em várias partes do corpo. Ele levou diversos disparos de balas de borracha. O número exato varia de 19 a 24, de acordo com relatórios do Conselho Indigenista Missionário (Cimi) e do Conselho de Direitos Humanos do RGS, entidades que acompanhou o caso.

Segundo relato de Querino, os tiros vieram após um policial disparar contra seu filho. Querino pegou uma madeira e agrediu o policial. Um grupo de policiais derrubou o idoso e depois o segurou pela garganta. Imobilizado no chão, ele levou os tiros, um deles perto do ouvido. Ele contou ter desmaiado e, depois disso, passou a ter problemas de audição. Outros indígenas presentes e laudos corroboram o relato.

Querino foi algemado e levado sangrando para a 1ª Delegacia de Polícia de Passo Fundo. Durante o trajeto, sofreu mais agressões. Ficou detido por seis ou sete horas.

O índio Querino Carvalho ficou ferido em várias partes do corpo após disparos de balas de borracha durante uma desocupação de terra no Rio Grande do Sul | Foto: Comunidad Kaigang e Relatório Cimi (Conselho Indigenista Missionário)
O índio Querino Carvalho ficou ferido em várias partes do corpo após disparos de balas de borracha durante uma desocupação de terra no Rio Grande do Sul | Foto: Comunidad Kaigang e Relatório Cimi (Conselho Indigenista Missionário)

Questionada na ocasião, a Brigada Militar disse que a ação era uma reintegração de posse e que cerca de 40 indígenas estavam no local, entre adultos e crianças. A Brigada diz que o grupo, liderado por Querino, não aceitou a ordem de saída e foi ao encontro dos policiais com pedaços de paus e pedras. Os laudos mostram 23 lesões no corpo de Querino: nas pernas, braços, abdômen, tórax e no ouvido esquerdo.

O relatório aponta que na ação da Brigada foram feitos 149 disparos de armas calibre 12 com munição antimotim de projéteis plásticos ou de borracha (munições LD e MD); 14 granadas variadas, entre gás lacrimogêneo e até a GL-307, de luz e som, mesmo modelo que feriu um policial durante testes da PM de São Paulo.

Um IPM (Inquérito Policial Militar) foi instaurado pela própria Brigada Militar e concluiu que a atuação “foi pautada dentro do estrito cumprimento do dever legal seguido da legítima defesa”. O caso foi arquivado sete meses depois do ocorrido.

Baile funk

Em dezembro de 2019, nove pessoas morreram asfixiadas durante uma ação da Polícia Militar contra frequentadores de um baile funk na comunidade de Paraisópolis, na zona sul de São Paulo. Vinte pessoas ficaram feridas. Duas foram internadas.

De acordo com a polícia, dois rapazes passaram em uma moto atirando contra PMs que faziam a Operação Pancadão - para coibir a realização de bailes funk. Cerca de 5 mil pessoas estavam nas ruas da 2º maior comunidade do Estado de São Paulo.

Moradores de Paraisópolis gravaram o momento em que policiais passaram a disparar gases contra os manifestantes que saíram correndo pelas vielas. Alguns ficaram feridos e outros morreram asfixiados | Foto: Reprodução redes sociais
Moradores de Paraisópolis gravaram o momento em que policiais passaram a disparar gases contra os manifestantes que saíram correndo pelas vielas. Alguns ficaram feridos e outros morreram asfixiados | Foto: Reprodução redes sociais

Os policiais perseguiram a dupla, o que teria começado a confusão. Para dispersar o baile, foram utilizadas armas com bala de borracha, gás de pimenta, bombas de efeito moral e gás lacrimogêneo. Na correira, um grupo de pessoas - a maioria jovens - ficou confinada numa viela. Várias foram pisoteadas. A investigação do caso descobriu que, entre as granadas utilizadas, estavam duas granadas GL-307 e uma GL-203-L, respectivamente “luz e som” e lacrimogênea, ambas de produção exclusiva da Condor e mesmo modelo reprovado nos testes da PM paulista em 2020.

No entendimento do coordenador do Núcleo de Cidadania e Direitos Humanos da Defensoria Pública de São Paulo, Davi Quintanilha, a utilização principalmente desses dois tipos de bombas foi equivocada. “Esse armamento tem como objetivo dispersar uma multidão, mas em local em que exista uma rota de fuga. O que fica comprometido em áreas de comunidade, que tem ruas estreitas e vielas. Isso resultou no confinamento das vítimas e teria ocasionado as mortes”, disse Quintanilha.

O processo ainda corre na Justiça. No ano passado, o Ministério Público Estadual denunciou 12 PMs por homicídio com dolo eventual - quando se assume o risco de matar.

Em defesa do filho

No ano passado, Maria Célia de Jesus Gomes, 49 anos, levou um tiro de bala de borracha à queima-roupa ao bater boca com um policial militar, na cidade de Passos, em Minas Gerais. Ela foi ferida no estômago e passou por cirurgia.

A discussão começou durante uma abordagem policial ao filho de Maria Célia. Houve bate-boca e um dos PMs sacou a arma e fez o disparo. Ferida, a mulher andou em direção a casa dela e foi amparada pelo marido. O rapaz acabou detido.

Edição: Flávio Costa e Lúcia Valentim Rodrigues

Direção de arte: Gisele Pungan e René Cardillo

Projeto: Yasmin Ayumi

Moção: Leonardo Rodrigues